
Obtener esa corteza perfecta: por qué utilizamos lámparas infrarrojas de 300W
La mayoría de los hornos de convección simplemente impulsan aire caliente. Funciona, claro, pero si lo que buscas es una corteza de color marrón oscuro y profesional, el aire por sí solo no es suficiente. Por eso utilizamos lámparas infrarrojas de 300W para lograr ese efecto.
El secreto está en que estas lámparas no calientan el aire. En lugar de eso, envían energía directamente al masa. Al combinar este calor directo con los ventiladores del horno, se obtiene lo mejor de ambos mundos: el aire se encarga de que la textura interna esté perfecta, mientras que las lámparas infrarrojas influyen directamente en la superficie, creando esa corteza dorada y hermosa.
Los componentes necesarios
Utilizamos vidrio de cuarzo de alta pureza para estas lámparas, ya que permite que el calor pase a través de él sin ser bloqueado. Elegimos 300W como potencia óptima. Si se utiliza una potencia mayor, la parte superior del producto se quemará, mientras que el centro seguirá crudo. 300W es la potencia ideal: proporciona la intensidad necesaria sin convertir la parte superior del horno en un horno real. Generalmente, estas lámparas se colocan en el techo de la cámara del horno.
Cómo hacerlo funcionar correctamente
La mejor forma de configurarlo es en su propio circuito eléctrico. De esta manera, puedes encender o apagar las lámparas infrarrojas sin afectar a los ventiladores. Esto te da un control mucho mayor sobre el proceso de cocción.
Sin embargo, hay algo importante a tener en cuenta: los tubos de cuarzo son sensibles a la humedad. Si hay mucha vaporidad en el horno y enciendes las lámparas a máxima potencia de inmediato, el vidrio puede agrietarse debido al impacto. Para evitar esto, recomendamos utilizar un controlador de arranque suave. Este permite que las lámparas se calienten gradualmente, lo que prolonga su vida útil. Si notas que el vidrio se vuelve turbio, cámbialo por uno nuevo para mantener una temperatura constante.